martes, 12 de febrero de 2013

Balbuceos


La primera palabra que cayó de mis labios fue ”tierra”, para sorpresa de mis padres. No fueron papá, mamá, agua: fueron tierra, polvo, fango. Tierra para tragar de bruces contra el suelo, tierra de los antepasados nacidos de los surcos, mezclados con semillas y vueltos a los surcos. Tierra de las cunetas absorbiendo tejidos y botones. Más tarde los balbuceos modelaron palabras derivadas de la tierra: espacio, distancia, lejanía, y un dolor diminuto brotó de las encías entre dientes de leche. Con el entrenamiento concienzudo del paladar pude dar nombre a las sombras que brotaban como tallos enfermos en la noche y las llamé ”tiempo”. Y así aprendí, muy pronto, a perseguir los cuervos que guiaron mis pasos.