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miércoles, 22 de enero de 2014

Mariposas monarca. (Final)

Miles de alas de polvo encendido en colores se dirigen al Norte.
Por el trayecto ven como la sangre tiñe el río Colorado.
Luego atisban las aspas de un barco de vapor que surca el Mississippi,
pero  no se detienen por más evocador que resulte el paisaje
porque persiguen algo que compensa la vida: una rama en el Norte.
Ahora llenan de nubes el cielo de Kentucky que se posa en el lomo
de vacas y caballos. Más tarde, con las fuerzas mermadas
por el paso del tiempo, anhelan el trasiego de los cuerpos tan jóvenes
que alimentan las calles de Manhattan. Un fulgor crepitante se instala
en sus antenas desgastadas ahora por el viento salado del East River.
Cruzan nueva frontera alcanzando por fin el dorado verdor de los bosques
de Ontario, donde un árbol robusto acogerá las larvas que devendrán orugas.
Las jugosas crisálidas estallarán en las alas de  jóvenes monarcas
marcadas con la huella del sol en sus antenas. Mariposas nacidas
para buscar a tientas las ramas del invierno: el regreso al origen.


martes, 29 de octubre de 2013

Vuelos

La piel del cielo levanta un aleteo
que asciende hasta los hombros.
Tensa el vuelo la tinta sobre el mapa.
¿Qué paisajes dominan esos pájaros negros?
¿Qué tejados? ¿Qué plazas y avenidas
escondiendo la tierra?
El cuerpo es periferia de esta ciudad
que arroja contra el azul, el blanco.
Arriba, una bandada rasga una nube roja
y el río se desangra como una vena abierta.
Las calles y los cuerpos;
los cuerpos; sus ciudades.
Los pájaros de tinta divisando el océano.
Los hombres con sus ramas
apuntalando el aire.


imagen tomada en http://lasociedadrueda.wordpress.com/

martes, 15 de octubre de 2013

Origen-Final

Horizontal.
En la mirada
nada de pie,
erguido.
Sombras vacías
en la planicie.
El sol directo
en los escombros.
Alguna hormiga
por las aceras.
Ralo paisaje
que se disuelve.
Rasas las ruinas
que se amontonan
sobre reptiles.
Es un paisaje
sin artefactos
y sin arbustos:
puro delirio.
Puro derribo
de los semáforos.  
Hierbas que rompen
el pavimento.
Hierven los gatos
en los solares.
La polvareda
de un viento enfermo
cubre los troncos
que yacen lívidos.
Desde la altura,
algunos pájaros
me ven cruzando
la tierra yerma.



viernes, 11 de octubre de 2013

Un poema de Jordi Valls: Contra los poetas

CONTRA LOS POETAS

Buscas silencio y encuentras la propia metáfora,
la proyección más solitaria de la piedra;
tú mismo convertido en estatua de sal.
Al margen del ruido, siempre al margen, callado,
olvidas el mundo que te rodea, vives del símbolo
calentado por un destilado intenso; te duermes
por efecto de la anestesia en el sueño absurdo.
No tienes más deseo que el ausente,
no tienes más llanto que la nostalgia
de cuando estuviste vivo, de cuando sufrías.


CONTRA ELS POETES

Busques silenci i trobes la pròpia metàfora
la projecció més solitària de la pedra;
tu mateix convertit en estàtua de sal.
Al marge del soroll, sempre al marge, callat,
oblides el món que t'envolta, vius del símbol
escalfat per un destil.lat instens; t'adorms
pels efectes de l'anestesia al somni absurd.
No tens més desig que l'absent, no tens més plor
que l'enyor de quan vas ser viu, de quan paties.

Jordi Valls

Publicado en Felix Orbe. Editorial Denes



jueves, 18 de julio de 2013

Interior en julio

Este cielo, traza la copa de una palmera
que termina fundida en la calzada.

Llamea este cielo azul metálico.

Irrumpe el ruido de un falso chaparrón:
bolsas de plástico rozando el pavimento.

Esas rejas son la sombra del balcón
en la fachada blanca de la esquina.
Llamea la fachada, espejo solar.

La cabeza del hombre que se cruza:
caja vacía para la mudanza.

Todo es blanco que desprende calor.

Mirar este cielo, es darse un chapuzón

en la niñez.


martes, 2 de julio de 2013

sábado, 8 de junio de 2013

Un poema de Rafa Mammos: "No saben"

Casas rivales   poemario de Rafa Mammos, son versos que se van encendiendo a modo de camino; son piedras que alguien coloca cuidadosamente para poder cruzar el río cuando llegue el inverno; es, en definitiva, un paisaje frondoso tras el que el lector intuye el resplandor de una civilización.  


NO SABEN

Las casas que justo ahora se levantan,

multiplicando las paredes en el mundo;

las persianas que alguien está bajando,

sin prisa, golpe a golpe, desde el sueño;

los que corren y dejan polvareda 

a sus espaldas, todos esos

no saben que nos están separando,

con lentitud separándonos

hasta el extremo de la primera vez

que nos encontramos.

Rafa Mammos


jueves, 6 de junio de 2013

Año cero



Dejar aquellas alas pegadas al felpudo
después de restregar con fuerza los zapatos.
Despegar de las suelas restos de cielos limpios,
paseos conjuntados por la ciudad naranja,
nuestras ropas de días que encajan en el otro
como haría Namibia en Rio de Janeiro
si el mundo no sufriera por sus placas tectónicas.

Si el mundo no sufriera por sus placas tectónicas
el exilio sería una noria de agua,
subiríamos de un salto sobre sus cangilones
para dejar un eco de labios en el pozo.
Queda la libertad pegada como un chicle
sobre tabiques, suelos del último pasillo.
Las nubes atrapadas dentro de los remolques
que atraviesan en llamas la ciudad año cero
se duermen con el roce de las grúas mecánicas.

martes, 28 de mayo de 2013

"Un dios enfrente" visto por Jordi Valls





Un dios enfrente es un libro complejo que parte de una sospecha fundada en el desarraigo de la persona del mundo natural. El primer bloque del libro “Tierra en tránsito” subdividido en “Tierra en tránsito” y “Microclima” muestra un evidente desasosiego existencial, la densidad de los versos nos ofrecen unas imágenes contundentes y elaboradas, el poema “Raíz” nos advierte: “Algo nace quebrado”, y más adelante nos va dejando pistas: “Un descampado es una tierra podrida;/ ningún loco pretende ahondar bajo sus piedras/ y enterrar la semilla de la fruta del miedo.” El poeta nos va dejando elementos que constituyen un todo coherente: “montaña cubierta de edificios, siembra, paisaje vertical de ventanas, semilla, fruta del miedo, acera, la respuesta es el tronco que crece sin raíces…” El árbol de la vida se va dibujando poco a poco, hay algo que madura entre el artificio de los despojos, de forma desnaturalizada y que trae consecuencias imprevisibles. En el poema “Aeroplanos” la verticalidad carece de contacto con la tierra, a no ser por la mirada, el poeta envidia la posibilidad de elevación del piloto, como ya lo hizo Yeats o Wallace Stevens, el poeta, como el aviador, sustituyen al albatros de Baudelaire, el rey de las alturas, advenedizo,  moderno, “El aire, qué misterio que el piloto atesora” y a la que el poeta aspira aun en su deseo romántico de superar “las cadenas tróficas” de verter las visiones, aunque duelan  “Que dolor inconcreto sorprendiéndonos juntos/ cuando el piloto lanza sobre nuestras cortezas/ chorros de insecticida para desengañarnos.” El poema “La caza” vuelve a la tierra y las imágenes concretas del árbol “hojas picudas de una encina, tallos creciendo, ramas manchadas, mi padre es un tubérculo, raíces al aire…” tras la descripción del lugar, aparece la iniciación del hijo en el drama del hambre, de la supervivencia, ese paso necesita de la pérdida de la inocencia, así el padre asciende en el hijo: “Luego sirvo a mi padre que se alegra en secreto/ del temblor de mis manos manchadas por los bordes./ Comemos con orgullo en los tiempos de caza.” Pero es en el poema “Molde” dónde el poeta se define y define con un lenguaje mas dialéctico, menos simbolista “Los padres se parecen a sus padres /los hijos se asemejan a su espejo…” un espejo que le recuerda el nexo con el orígen “Pero a ambos nos une el suelo que nos alza:/ nuestras bocas conservan su sabor mineral.” Entonces, el poeta se detiene ante el padre y lo describe como tubérculo que trabaja enraizado a la tierra “…bregar con esta tierra que se adhiera a mis suelas/ tan roja y tan ajena como sangre de un cuervo.” Auque la realidad del poeta es otra: “Nunca heredé esta tierra” y se define como el trotamundos que es: “Nací con las raíces enfermas de distancia.” Esa necesidad de ser más allá de la predestinación del orígen, de alguna forma se encuentra conformada en padre e hijo. “…Nada aprendimos juntos sobre las coordenadas;/ somos formas volubles en manos de alfareros/ que se entrelazan cuando el horno se enciende./ Somos formas que buscan la llamarada viva.” 

El segundo apartado de la primera parte “Microclima” no ceja en la densidad imaginística, aunque el interés cambia de orientación. Aparece el amor, y aparece fulminante como un fulgor que rompe espacio/ tiempo “deshojamos el tiempo jugando con la luz”, como un deseo de “Distancia” mínima, de “archipielago de nuestras salivas” en resumen, intimidad compartida, llegando a imágenes de un lirismo extremo “Ahora eres fruta dulce que pende en las farolas/ Yo soy el tallo en sombra que trepa en las fachadas.” Así en el momento en que la distancia es mínima se construye el “Microclima”, la intimidad del amor. Hay una necesidad de converger hacia ese espacio nuevo creado, las imágenes se disparan des de “La muralla/ Cairúan” al “Parto”. “Este parto ordenó toda la geografía” y en otro verso “Juntos nuestros dedos viajarán hacia el Norte.”

“Mapa de agua” es la segunda parte del libro y se abre con dos citas poderosas: una bella exaltación de la presencia mágica del amor de Vicente Aleixandre, y una mirada metafísica y enigmática de Octavio Paz: “las aguas inundadas por el agua, /aniquilando lo que finge el agua ” Al principio hemos tratado la sospecha del autor, la necesidad de que la magia como sugiere en el poema “Génesis” incendie la sangre a partir del agua “…debe surgir el agua entre las formas ígneas.” 

El agua deseada de forma obsesiva aparece vertical hacia abajo, es la lluvia, pero la lluvia aterra “Tienes miedo de la lluvia”, también el agua adopta otras formas como el “Afluente” aunque esa agua fluye desde el poeta, “Ahora toca buscar / un afluente.” El poeta que parte del miedo de la lluvia se desentumece, des del afluente y se ofrece desbordándose en “Ríos”, “El río se desborda e inunda ciudades/ y todo es agua ya, todo se limpia/ y todo es luz que fluye de sus manos.” Hay una necesidad de engendrar en esa agua. Esta cartografía del agua en todas sus posibilidades de acción y dimensión, representa el mundo simbólico del poeta, poemas como “Pez”, “Mojado”, “Subterránea”, “Aléjate”, “Medusa” son una proyección fantástica de imágenes increíbles. Pero al mismo tiempo, vemos en “Desierto”, poema que lleva una cita de José Antonio Arcediano, la impotencia de no poder o no saber saciar la necesidad de amor y la dureza alcanza extremos desoladores “Pero yo soy el vaso, soy el jarrón, soy la copa/ que cae al suelo desde sus manos ásperas.” Los poemas:  “Isla”, “Vaivén”, “Sobremojado”: “Llorar sobre mojado: / provocar un incendio.” Poemas lúcidos, no exentos de sorprendente imaginería “Mapa del agua”, “Apocalipsis”, desgarrados, poseídos por la úlcera que lleva el discurso a la desolación. Y el magnífico “Epílogo(Nieve)” que cierra esta segunda parte con el poema “Caudal” un quejío lento, áspero y bello.    

La tercera parte, cuyo título me resulta familiar “Violencia gratuita” arranca con dos citas una de un gran autor José Ángel Valente, y de un autor de cuyo nombre no debo acordarme por pudor. El primer poema de esta parte  “Violencia grauita” es un canto a los hombres huecos, urbanos, modernos, vacíos, rutinarios, resuena el T.S Eliot de “The waste land”, y el sorprendente García Lorca de “Poeta en Nueva York”, así pues, “Matriuska” dónde una idea mecanicista y autómata de adueña del poeta como si fuera un esparring compulsivo, o “Límites” dónde ahonda en la resistencia del superviviente. “Cerca” que refleja el contraste entre un mundo indiferente de las pasiones y la pasión misma. “Garras” el uso del sarcasmo para dirimir la deslealtad de la atracción física. “Cuerpo” dónde empatiza con la víctima por el dolor causado. “Supermercado” y el deseo volcado en la belleza y necesidad cotidiana. “Recursos humanos” y una denuncia de la agresión que representa el mundo laboral, no exento de un sarcasmo fulminante “Que levante la mano el voluntario/ que detenga mis golpes.” “Circo” la vida diaria planteada como un espectáculo dónde actuamos mientras volcamos ideas y pensamientos fuera de la realidad tangible. El fracaso en “A little bite in my heart” dónde rayo y tarántula acaba por consumirnos. “Río Amarillo” y “Camino” ahondan aun más en esa mirada de hombre vacío, urbano, incapaz de amar y expropiado de su propia humanidad. 

La cuarta parte del libro “La nada me contiene” se inaugura con una cita de María Lainá “…Vacío en todas partes/ la nada me contiene” la continuidad en el discurso se hace evidente, el círculo, no obstante, es cada vez más concéntrico, más taciturno. Así lo anuncia el poema “Antena”, se materializa en “Soluble” llegando a la desintegración de la existencia misma., o en “Translúcido” dónde afirma “Lo que deseo y obtengo se derrite en el cuarto.” La deriva de la gravitación en el poema “Centro” : “Las redes se deshacen en los límites:/ todo apunta hacia el/ fondo.” En el poema “Hueco” analizando esa identidad artificial, recreada en la crisis existencial: “Me camina mi sombra me pasa por encima y me dobla a la izquierda.”  O bien en “Silencio” dónde las partículas ingrávidas aparecen como un espacio de tregua. En “Hilo” a partir de una cita enigmática de Chantal Maillard, vemos como lo pequeño, lo insignificante adquiere la centralidad de la mirada. En “Cáscara” el poeta nos dice “Necesitas rendirte sobre una balsa de aire, / Aprovecha este día propício al abandono.” O en el poema culminante Un dios enfente, que nos da la última clave del libro en la cita de Màrius Sampere: “Conozco al enemigo pero no sé quien soy.” 
  
El poeta nos va desacelerando en este viaje, como un apagarse en una atracción de la montaña rusa, nos lleva a ese rendirse ante la sencillez de enfocar hacia el entorno inmediato, quizás para aceptar la complejidad de lo que nos sucede sin más equipaje que la mirada irónica ante la tormenta inacabable. Un canto final que recuerda al de John Huston en el monólogo de la magnífica adaptación cinematográfica del “Dublineses” de James Joyce.

El poeta termina su ciclo como lo inicia pero el cambio es la transformación de ese hombre que mira al espejo y ve “un dios enfrente” al que acaba de reconocer.
Estamos pues, delante de un gran libro, dónde el poeta libra su último combate y como el boxeador que sabe que perderá pero asume su destino, sube al ring y nos ofrece la derrota más bella y entrañable, ante si mismo. Enhorabuena, José poeta y amigo!



miércoles, 24 de abril de 2013

miércoles, 3 de abril de 2013

Un dios enfrente

Este mes de abril, además de lluvias, viene con la publicación de Un dios enfrente en la editorial La Garúa. Un nacimiento, tanto de libro como de este autor, que Jordi Valls recoge así en la contraportada:


(...) Un dios enfrente  es (...) una crónica del combate que el autor detalla ante el dios que aparece en su propio espejo, ese enemigo que representa la pérdida del mundo idealizado y las contradicciones a que conduce a menudo la sórdida supervivencia; la erosión del refriegue con el mundo va dejando marcas entre la intemperie del dolor íntimo, del poeta desmoronándose. En el trayecto se observa la fascinación del poeta por la intangibilidad de los objetos, los hechos y las personas. Las muestras de fragilidad, que aparecen en un friso de bajorrelieves tratados con un delgado bisturí preciso en el lenguaje, un trazo firme de imágenes nítidas: "Amontonas las cáscaras para crear un lecho." "Somos formas que buscan la llamarada viva." formas que se deslizan entre una diversidad de voces, desde: Luís Alberto de Cuenca a Jose Angel Valente o las eléctricas miradas femeninas de Alejandra Pizarnik o Maria Lainá. Un dios enfrente  nos sorprende en su tránsito por los abundantes destellos de una poètica que emerge desgarrada en todo su esplendor.

Jordi Valls


martes, 12 de febrero de 2013

Balbuceos


La primera palabra que cayó de mis labios fue ”tierra”, para sorpresa de mis padres. No fueron papá, mamá, agua: fueron tierra, polvo, fango. Tierra para tragar de bruces contra el suelo, tierra de los antepasados nacidos de los surcos, mezclados con semillas y vueltos a los surcos. Tierra de las cunetas absorbiendo tejidos y botones. Más tarde los balbuceos modelaron palabras derivadas de la tierra: espacio, distancia, lejanía, y un dolor diminuto brotó de las encías entre dientes de leche. Con el entrenamiento concienzudo del paladar pude dar nombre a las sombras que brotaban como tallos enfermos en la noche y las llamé ”tiempo”. Y así aprendí, muy pronto, a perseguir los cuervos que guiaron mis pasos.

martes, 11 de diciembre de 2012

Matriuska


Como una matriuska el golpe alberga otros golpes
y más golpes llegando al escozor infinitesimal:
la lavadora no desagua, el teclado no responde,
el cordón derecho del zapato decidió desprenderse.
Una jauría devorando el núcleo son los intermedios,
golpes rápidos en la entrada y salida como un gancho.
Izquierda y derecha directas a la víscera.
He llegado y me voy. Matarratas bañado en caramelo.
Rápidos los tajos (el corazón de la serpiente bombea
mientras la cabeza se precipita rodando calle abajo).
Golpes intermedios mientras ignoro estar en un ring
o que cada combate dura un solo asalto. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Violencia gratuita


Només sóc carn de canó
un bistec més a la planxa insatisfet
i anònim, un fracàs qualsevol, com tu

Jordi Valls
Antes de cada puñalada hay una sonrisa:
cae de la boca y queda colgada en el cuchillo,
sonrisa y acero se adentran juntas en la carne.
Ahora debería decir que me aparto,
que odio esta violencia gratuita
asaltándome cada tanto en la puerta de casa
vestida como una paloma sucia en un dintel.
Pero ya soy un hueco y nada puede hendirse
entre las luces o en el trasiego del viento
y este hecho llena de impotencia al asesino.

Unos brazos abiertos pueden ser un buen golpe.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Suburbio





A lo alto.
Como una plaga que devora el cultivo.
Como los hongos que coronan la fruta,
invaden las fachadas la última colina.
El pie busca una tierra oculta en el asfalto
y se queda por siempre suspendido en el aire.
Nada entrega este suelo a los recién llegados:
las flores se han manchado con sangre
y con aceite en el solar en ruinas
que pasado mañana albergará una fábrica.
Los niños nacerán en envases de vidrio.
Será frágil el tronco;
se romperán creciendo;
como débiles venas,
como lengua pinchada.
El cerco de ventanas no permite observarlos
en el vuelo que emprenden en los pies de las moscas
de los que caen algunos
en una orilla blanda;
de un arroyo más limpio;
de una tierra ignorada.

*Publicado en Anónimos 2.0 2012