miércoles, 22 de enero de 2014

Mariposas monarca. (Final)

Miles de alas de polvo encendido en colores se dirigen al Norte.
Por el trayecto ven como la sangre tiñe el río Colorado.
Luego atisban las aspas de un barco de vapor que surca el Mississippi,
pero  no se detienen por más evocador que resulte el paisaje
porque persiguen algo que compensa la vida: una rama en el Norte.
Ahora llenan de nubes el cielo de Kentucky que se posa en el lomo
de vacas y caballos. Más tarde, con las fuerzas mermadas
por el paso del tiempo, anhelan el trasiego de los cuerpos tan jóvenes
que alimentan las calles de Manhattan. Un fulgor crepitante se instala
en sus antenas desgastadas ahora por el viento salado del East River.
Cruzan nueva frontera alcanzando por fin el dorado verdor de los bosques
de Ontario, donde un árbol robusto acogerá las larvas que devendrán orugas.
Las jugosas crisálidas estallarán en las alas de  jóvenes monarcas
marcadas con la huella del sol en sus antenas. Mariposas nacidas
para buscar a tientas las ramas del invierno: el regreso al origen.


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