lunes, 22 de octubre de 2012

Siluetas (Tránsito) y otros nombres


Siluetas (Tránsito) from jgobrero on Vimeo.

Hablar de Siluetas (Tránsito) es hablar de los "agradecimientos”, de por qué en los créditos finales aparecen una serie de nombres que ascienden hasta perderse en apenas unos segundos, especialmente en un trabajo en el que se mezclan con la propia narración de las historias.

Han transcurrido algo más de dos años desde que el colectivo efímero Otoñeces me llamara para que realizase una intervención en el ciclo de poesía que habían organizado. También de que un amigo, Ángel Santos, respondiese a una llamada en Facebook en la que yo preguntaba si alguien sabía dónde podía conseguir maniquíes. Esa respuesta de Ángel y su acompañamiento hasta el almacén del Zoco de la tienda de ropa infantil “Citaplex” es vital, no solo porque los maniquíes eran ella y él antes de ser Ella y Él, o los niños parecían salidos de un cuadro de Murillo, o todos juntos un grupo escultórico novecentista, también, ahora lo sé, porque sin esa respuesta no habría habido más respuestas.  

Desde entonces han pasado muchas cosas en nuestras vidas y sus alrededores. Ya sabemos: crisis, ruina, miedo.Cuando Antonio Monterroso me invitó a participar en el IV Encuentro de Poesía Visual de Peñarroya no tuve ninguna duda en que las Siluetas se moverían por el paisaje de decadencia y destrucción del Cerco Industrial, símbolo de un tiempo y sus cenizas. Eso sí: había que ponerse manos a la obra y averiguar qué había sido de Ellos. Ángel volvió a prestarme su ayuda y juntos fuimos a verlos al almacén. En junio estaban todos. En octubre, cuando Silvia Carrasco de la organización del Encuentro, vino para recogerlos y llevárselos a Peñarroya, el dueño nos comentó que, en un traslado urgente, e imagino que torpe, uno de los hombres y el niño habían sido tirados a un contenedor. Esto reforzaba una idea inicial: había que hablar de desolación. Ana me dijo que estaba convencida de que sortearía el problema. Yo no.
Al día siguiente, dando un paseo como quien quiere perderse, el escaparate de los Tres Gatos me salió al paso con...¡Un maniquí idéntico a mis hombres pero de pie! Entré en la tienda y abordé a  Lola Baena balbuceándole  que tenía que hablarle con calma, que necesitaba llevarme el maniquí del escaparate. Lola no tuvo ningún problema en cedérmelo. Lola nunca pensó que un loco acababa de entrar en su tienda. Tampoco la señora que salió repentinamente del probador para decirme: “¿ves como todo se soluciona?”.

El siguiente paso era hacer las fotos en El Cerco, un espacio de un millón de kilómetros cuadrados donde Silvia Carrasco pensaba que podíamos pasar con el coche. Silvia ignoraba que habían levantado unos montones de arena que impedían el paso de cualquier vehículo, también que yo la iba a citar a las cuatro de la tarde en uno de los días más calurosos de octubre. Transportar durante veinte minutos o media hora a los maniquíes bajo un sol implacable es un trabajo duro: doy fe. Compensa, además de las fotos, ver como Silvia se los llevaba en su coche con el cinturón de seguridad puesto.

Es impagable para alguien que trata de hacer una composición visual que Ana Castro le diga qué opina de colores, uniformidad en la estética, metidas de pata con elementos incoherentes e, incluso, que le regale nada más y nada menos que la palabra “Siluetas” y esta vez "composición", entre otras cuestiones. También lo es que Fermín Marrodán envíe música y más música, pistas y más pistas, y uno las reproduzca esperando encontrarse con la que finalmente se convierta en la banda sonora de Ellos, como ya sucediera con "Beekeepers vs warfare Chemicals" de Brian McBride que también Fermín me envió en 2010.

Esta es la historia de los nombres que aparecen y desaparecen demasiado rápido al final de la composición, el resto es cosa de Ellos.

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