De nada
sirve huir
de
nuestra condición de refugiados.
Octubre
llegará tarde o temprano.
Habremos
de jugar, a la intemperie,
bajo el
plomo y la lluvia de los días,
la
guerra inusitada de los cuerpos,
la
batalla naval de la distancia
entre
nosotros y nosotros mismos.
No hay
vacío posible cuando habitas
el
rincón más profundo del vacío.
Un día
los teléfonos anuncian
que hay
que sobrevivir…y sobrevives.
Sobrevives
en letras incambiables,
en la
sombra vetusta de los nombres,
en los
trenes de largo recorrido,
en las
manos que nunca te tocaron,
en la
oblicua mirada de la gente
a la
que no devuelvo la mirada
(será
porque la gente me da miedo.
Les veo
respirar, emerge en ellos
la
exhaustiva derrota de la carne,
la
lenta rendición de su mutismo).
Consumo
el mismo oxígeno
que
respiran, ajenas, las gaviotas.
Atardezco
a este lado de los hierros
a este
lado del aire, en esta atmósfera
tan
fieramente mía,
tan
oculta de todos y de todo,
y no
abuso de toda mi importancia,
tan
solo me recreo en el silencio,
en la
voz apagada de mi ruina
milimétricamente
calculada.
De Los Bosques de Wisconsin, Ed. La Garúa.
José Antonio Arcediano (Barcelona, 1964), ha publicado, además, La verdad del frío (Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere) Ed. La Garúa y Suburbio 16 en Ed. Junta de Castilla y León.
Ficha en La Garúa: http://www.lagarua.net/?post_type=portfolio&p=2474
