viernes, 13 de septiembre de 2013

Refugiados: un poema de José Antonio Arcediano

De nada sirve huir
de nuestra condición de refugiados.
Octubre llegará tarde o temprano.
Habremos de jugar, a la intemperie,
bajo el plomo y la lluvia de los días,
la guerra inusitada de los cuerpos,
la batalla naval de la distancia
entre nosotros y nosotros mismos.
No hay vacío posible cuando habitas
el rincón más profundo del vacío.
Un día los teléfonos anuncian
que hay que sobrevivir…y sobrevives.
Sobrevives en letras incambiables,
en la sombra vetusta de los nombres,
en los trenes de largo recorrido,
en las manos que nunca te tocaron,
en la oblicua mirada de la gente
a la que no devuelvo la mirada
(será porque la gente me da miedo.
Les veo respirar, emerge en ellos
la exhaustiva derrota de la carne,
la lenta rendición de su mutismo).
Consumo el mismo oxígeno
que respiran, ajenas, las gaviotas.
Atardezco a este lado de los hierros
a este lado del aire, en esta atmósfera
tan fieramente mía,
tan oculta de todos y de todo,
y no abuso de toda mi importancia,
tan solo me recreo en el silencio,
en la voz apagada de mi ruina
milimétricamente calculada.

De Los Bosques de Wisconsin, Ed. La Garúa.

José Antonio Arcediano (Barcelona, 1964), ha publicado, además, La verdad del frío (Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere) Ed. La Garúa y Suburbio 16 en Ed. Junta de Castilla y León.


José Antonio Arcediano

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