miércoles, 3 de abril de 2013

Un dios enfrente

Este mes de abril, además de lluvias, viene con la publicación de Un dios enfrente en la editorial La Garúa. Un nacimiento, tanto de libro como de este autor, que Jordi Valls recoge así en la contraportada:


(...) Un dios enfrente  es (...) una crónica del combate que el autor detalla ante el dios que aparece en su propio espejo, ese enemigo que representa la pérdida del mundo idealizado y las contradicciones a que conduce a menudo la sórdida supervivencia; la erosión del refriegue con el mundo va dejando marcas entre la intemperie del dolor íntimo, del poeta desmoronándose. En el trayecto se observa la fascinación del poeta por la intangibilidad de los objetos, los hechos y las personas. Las muestras de fragilidad, que aparecen en un friso de bajorrelieves tratados con un delgado bisturí preciso en el lenguaje, un trazo firme de imágenes nítidas: "Amontonas las cáscaras para crear un lecho." "Somos formas que buscan la llamarada viva." formas que se deslizan entre una diversidad de voces, desde: Luís Alberto de Cuenca a Jose Angel Valente o las eléctricas miradas femeninas de Alejandra Pizarnik o Maria Lainá. Un dios enfrente  nos sorprende en su tránsito por los abundantes destellos de una poètica que emerge desgarrada en todo su esplendor.

Jordi Valls


martes, 12 de febrero de 2013

Balbuceos


La primera palabra que cayó de mis labios fue ”tierra”, para sorpresa de mis padres. No fueron papá, mamá, agua: fueron tierra, polvo, fango. Tierra para tragar de bruces contra el suelo, tierra de los antepasados nacidos de los surcos, mezclados con semillas y vueltos a los surcos. Tierra de las cunetas absorbiendo tejidos y botones. Más tarde los balbuceos modelaron palabras derivadas de la tierra: espacio, distancia, lejanía, y un dolor diminuto brotó de las encías entre dientes de leche. Con el entrenamiento concienzudo del paladar pude dar nombre a las sombras que brotaban como tallos enfermos en la noche y las llamé ”tiempo”. Y así aprendí, muy pronto, a perseguir los cuervos que guiaron mis pasos.

martes, 11 de diciembre de 2012

Matriuska


Como una matriuska el golpe alberga otros golpes
y más golpes llegando al escozor infinitesimal:
la lavadora no desagua, el teclado no responde,
el cordón derecho del zapato decidió desprenderse.
Una jauría devorando el núcleo son los intermedios,
golpes rápidos en la entrada y salida como un gancho.
Izquierda y derecha directas a la víscera.
He llegado y me voy. Matarratas bañado en caramelo.
Rápidos los tajos (el corazón de la serpiente bombea
mientras la cabeza se precipita rodando calle abajo).
Golpes intermedios mientras ignoro estar en un ring
o que cada combate dura un solo asalto. 

martes, 27 de noviembre de 2012

Violencia gratuita


Només sóc carn de canó
un bistec més a la planxa insatisfet
i anònim, un fracàs qualsevol, com tu

Jordi Valls
Antes de cada puñalada hay una sonrisa:
cae de la boca y queda colgada en el cuchillo,
sonrisa y acero se adentran juntas en la carne.
Ahora debería decir que me aparto,
que odio esta violencia gratuita
asaltándome cada tanto en la puerta de casa
vestida como una paloma sucia en un dintel.
Pero ya soy un hueco y nada puede hendirse
entre las luces o en el trasiego del viento
y este hecho llena de impotencia al asesino.

Unos brazos abiertos pueden ser un buen golpe.

lunes, 22 de octubre de 2012

Siluetas (Tránsito) y otros nombres


Siluetas (Tránsito) from jgobrero on Vimeo.

Hablar de Siluetas (Tránsito) es hablar de los "agradecimientos”, de por qué en los créditos finales aparecen una serie de nombres que ascienden hasta perderse en apenas unos segundos, especialmente en un trabajo en el que se mezclan con la propia narración de las historias.

Han transcurrido algo más de dos años desde que el colectivo efímero Otoñeces me llamara para que realizase una intervención en el ciclo de poesía que habían organizado. También de que un amigo, Ángel Santos, respondiese a una llamada en Facebook en la que yo preguntaba si alguien sabía dónde podía conseguir maniquíes. Esa respuesta de Ángel y su acompañamiento hasta el almacén del Zoco de la tienda de ropa infantil “Citaplex” es vital, no solo porque los maniquíes eran ella y él antes de ser Ella y Él, o los niños parecían salidos de un cuadro de Murillo, o todos juntos un grupo escultórico novecentista, también, ahora lo sé, porque sin esa respuesta no habría habido más respuestas.  

Desde entonces han pasado muchas cosas en nuestras vidas y sus alrededores. Ya sabemos: crisis, ruina, miedo.Cuando Antonio Monterroso me invitó a participar en el IV Encuentro de Poesía Visual de Peñarroya no tuve ninguna duda en que las Siluetas se moverían por el paisaje de decadencia y destrucción del Cerco Industrial, símbolo de un tiempo y sus cenizas. Eso sí: había que ponerse manos a la obra y averiguar qué había sido de Ellos. Ángel volvió a prestarme su ayuda y juntos fuimos a verlos al almacén. En junio estaban todos. En octubre, cuando Silvia Carrasco de la organización del Encuentro, vino para recogerlos y llevárselos a Peñarroya, el dueño nos comentó que, en un traslado urgente, e imagino que torpe, uno de los hombres y el niño habían sido tirados a un contenedor. Esto reforzaba una idea inicial: había que hablar de desolación. Ana me dijo que estaba convencida de que sortearía el problema. Yo no.
Al día siguiente, dando un paseo como quien quiere perderse, el escaparate de los Tres Gatos me salió al paso con...¡Un maniquí idéntico a mis hombres pero de pie! Entré en la tienda y abordé a  Lola Baena balbuceándole  que tenía que hablarle con calma, que necesitaba llevarme el maniquí del escaparate. Lola no tuvo ningún problema en cedérmelo. Lola nunca pensó que un loco acababa de entrar en su tienda. Tampoco la señora que salió repentinamente del probador para decirme: “¿ves como todo se soluciona?”.

El siguiente paso era hacer las fotos en El Cerco, un espacio de un millón de kilómetros cuadrados donde Silvia Carrasco pensaba que podíamos pasar con el coche. Silvia ignoraba que habían levantado unos montones de arena que impedían el paso de cualquier vehículo, también que yo la iba a citar a las cuatro de la tarde en uno de los días más calurosos de octubre. Transportar durante veinte minutos o media hora a los maniquíes bajo un sol implacable es un trabajo duro: doy fe. Compensa, además de las fotos, ver como Silvia se los llevaba en su coche con el cinturón de seguridad puesto.

Es impagable para alguien que trata de hacer una composición visual que Ana Castro le diga qué opina de colores, uniformidad en la estética, metidas de pata con elementos incoherentes e, incluso, que le regale nada más y nada menos que la palabra “Siluetas” y esta vez "composición", entre otras cuestiones. También lo es que Fermín Marrodán envíe música y más música, pistas y más pistas, y uno las reproduzca esperando encontrarse con la que finalmente se convierta en la banda sonora de Ellos, como ya sucediera con "Beekeepers vs warfare Chemicals" de Brian McBride que también Fermín me envió en 2010.

Esta es la historia de los nombres que aparecen y desaparecen demasiado rápido al final de la composición, el resto es cosa de Ellos.

sábado, 6 de octubre de 2012

No siempre (uno de María Lainá)

Desprecio la poesía
no siempre
cuando la sangre palpita en las paredes
cuando en el suelo se rompen las vasijas
y se deslía la vida
como una bobina
escupo mi tristeza y por completo
desprecio la poesía
cuando los colores me atormentan el alma
los azules naranjas y amarillos
me guardo el odio y tranquilamente
desprecio la poesía
cuando en mi estómago se zambulle 
el buzo de tus ojos

Además
no siempre
desprecio la poesía
cuando la siento como una ambición amable

raro hallazgo
en un mullido banco de una sala futura.

María Lainá "El estuche de las células"